Durante los nueve meses de embarazo, son habituales los controles que se realizan a la madre y al feto: control del peso, la amniocentesis, ecografías, etc. Lo que ahora empieza a despertar una atención mayor es sobre el nivel de estrés que presenta la mujer embarazada. Si la madre sufre de estrés o de ansiedad de manera continuada, puede predecir que en un futuro su hijo pueda sufrir de problemas como déficit de atención, hiperactividad, y tal vez también de problemas de conducta. Se ha visto que los niveles de la hormona del estrés cortisol, que prepara el cuerpo para confrontar lo que percibe como peligro, puede afectar tanto a la madre como al hijo.

Las mujeres más ansiosas reducen el flujo sanguíneo que llega al bebé. Cuanto más alto es el nivel de cortisol en el líquido amniótico que envuelve al bebé, más bajo podrá ser el nivel de coeficiente intelectual del bebé después. El cerebro del bebé así como su aprendizaje podrán ser afectados. El nivel de ansiedad de la madre podría multiplicar por dos el nivel de hiperactividad del niño y tener un efecto a largo plazo sobre el desarrollo de sus hijos.